Escasez de emprendimiento

#ECONOMÍAPARAMIPRIMA

(Originalmente publicado en El Espectador el día 03 de julio de 2021)

Grandes escándalos de corrupción de las últimas décadas se han destapado por una consigna periodística: “seguir el dinero”. La idea es simple y poderosa: para encontrar a los verdaderos responsables de la corrupción se le debe seguir el rastro al dinero de mano en mano hasta llegar al origen. Pescar a los políticos, a los intereses especiales o a gobiernos foráneos con los dineros en la masa es el camino para encontrar a los principales corruptos.

Ese método fue útil para que el entonces presidente de EE. UU. Richard Nixon cayera tras robustas investigaciones del Washington Post que mostraban los costos reales de la guerra de Vietnam. También fue esencial para destapar la corrupción del expresidente brasilero Lula e inclusive para encontrar a los culpables del escándalo del programa “Petróleo por Alimentos” de las Naciones Unidas en Irak, uno de los casos de corrupción más grandes del mundo.

La práctica de seguir el dinero en efectivo, fundamental en el periodismo investigativo, nos entrega respuestas sobre financiación de campañas políticas o sobre el pago de sobornos en proyectos de infraestructura, pero poco nos dice sobre el dinero que se entrega de forma indirecta. Para esos casos la economía tiene una herramienta similar: llamémosle “seguir la escasez”.

Cuando estalló el “escándalo” tuitero sobre una almojábana muy cara en el aeropuerto El Dorado, sugerí pensar en el origen de la escasez antes de crucificar al dueño de la panadería. Al fin y al cabo, no son pocos los panaderos que quisieran vender en un terminal de pasajeros de altos ingresos, afanados y sin muchas otras alternativas para saciar el hambre.

Como hay muchos panaderos interesados en ese negocio, todos compiten para hacerle la propuesta más generosa al dueño del local. La concesión del aeropuerto, como sabe que es la única que puede ofrecer ese espacio, va subiendo los precios en medio de una competencia entre panaderos que les pueden trasladar esos costos a sus clientes. Al final del día, la parte que se queda con las ganancias no es quien recibe el dinero físico (el panadero), sino quien posee la escasez y puede cobrar por un arriendo más caro (el aeropuerto).

En la economía, no basta con seguir el dinero, hay que ver quién tiene el recurso escaso.

Algo similar se puede hacer con los taxis cuando tienen el monopolio del transporte: la riqueza no se la queda la gente que maneja taxis, que tiene poco poder de negociación y abundante competencia, la plata se la quedan los dueños de los cupos, que son escasos y tienen protección del Ministerio de Transporte. Defender el monopolio es defender a estos dueños de los cupos, lección para recordar cuando un político ataque a Uber en nombre de los más pobres.

También se puede replicar el análisis en otras industrias: la escasez y la poca competencia que tiene el Estado en las notarías, las licoreras y las aerolíneas beneficia a unos pocos, pero perjudica al usuario final con un peor servicio y con precios más altos. Uno a veces se pregunta por el origen de tantos abusos, ¿acaso en dónde empezó todo esto?

Entonces recordé una de las conversaciones que tenía con mi prima y volví a pensar en esa pésima práctica de los colegios de prohibir las ventas de los estudiantes para entregarle un monopolio a la tienda del colegio, muy seguro desde ahí empezó todo. Para encontrar el beneficiario de ese atropello, hay que seguir la escasez una vez más: no la tiene el dueño de la tienda, ni el productor de Chocorramo y tampoco el distribuidor de alimentos. La tiene el colegio, el dueño del único local disponible a un mercado cautivo.

Seguramente no hay mucho para exprimirles a los consumidores de Chocorramo en una mañana de colegio, pero igual se veta la competencia. Así, el colegio obtiene un par de pesos más de arriendo a cambio de cortar la raíz de esa primera semilla del espíritu emprendedor de los niños con prohibiciones absurdas.

Por alguna razón, unos años después nos sorprendemos porque tenemos muchos votantes que no creen en la competencia y tampoco en la iniciativa privada como motor de prosperidad. Si me lo preguntan, ese es un costo demasiado alto para pagar.

@tinojaramillo

Economiaparamiprima.com

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