Peleando con el mensajero

#ECONOMÍAPARAMIPRIMA

(Originalmente publicado en El Espectador el 18 de junio de 2021)

La historia no es nueva. Plutarco, un filósofo moral griego, lo escribió en el siglo I. En una de sus obras narra como Tigrán II el Grande, uno de los reyes de Armenia, le cortó la cabeza al mensajero que le trajo la noticia de la llegada del enemigo. Como era de esperarse, ningún otro mensajero le quiso entregar más noticias malas al respecto. La guerra crecía y el rey solamente escuchaba a aquellos mensajeros que lo halagaban, toda una receta para el desastre.

Hoy en día, 20 siglos después, seguimos con los mismos vicios…

El mes pasado la calificadora de riesgo S&P le quitó el grado de inversión a Colombia tras la caída de la reforma tributaria. El mensaje fue muy claro: o aumentamos los ingresos o reducimos los gastos de gobierno. Si no pasamos una reforma pronto, Colombia tiene pocas probabilidades de pagar sus deudas.

El presidente Duque pudo ver ese mensaje con algo de autocrítica, entendiendo su contenido, tal vez recordando que dejó solo al Ministerio de Hacienda cuando se intentó discutir la reforma. Pero no, el presidente solo acertó en decir que los criterios de las calificadoras no eran correctos, como si apedrear al mensajero fuera a cambiar el mensaje.

Uno quisiera creer que esto es un caso aislado, apenas un comentario suelto de un gobierno débil en aprietos, pero en el mismo error ancestral cayó el senador conservador David Barguil con un proyecto de ley aprobado recientemente que busca eliminar la información de reportes de las personas que no pagaron sus deudas en el pasado. El político pensaba que el mercado de crédito sería mejor si le prohibimos al mensajero contar la información crediticia.

En la realidad, lo que termina pasando es opuesto a lo deseado. A ojos de una entidad financiera, una persona que ha pagado cumplidamente sus cuotas es exactamente igual a otra que incumplió los pagos, simplemente porque ya se eliminó la información que permitía diferenciarlos. En esas condiciones se les vuelve imposible prestar dinero a muchas entidades formales, lo cual deja a la gente a merced del gota a gota y, tal como el rey que no puede pelear la guerra porque vive sin saber qué le viene, los bancos no pueden prestar porque no saben quién está pidiendo el crédito.

En su momento, los expertos del Banco de la República, las universidades y los centros de pensamiento señalaron lo perjudicial que resulta en finanzas destruir al mensajero –como se hace frecuentemente– sin cambiar el mensaje. Así como Trump niega el cambio climático pese al consenso de los expertos en clima, el Partido Conservador y el Partido Liberal insistieron en el terraplanismo económico, pese al amplio consenso de los economistas. Pedradas al mensajero en busca de votos.

Como si no tuviéramos suficiente con los políticos, nos toca ver a la academia en una vía similar. Nadie duda que el sistema de notas y calificación de las universidades hay que mejorarlo, pero preocupan las decisiones recientes de la Universidad de los Andes de volver opcional para los estudiantes si reciben nota o si reciben un aprobado o reprobado que no se computa en su promedio. De nuevo, peleando con el mensajero sin tocar el mensaje.

Las notas, así a veces no nos gusten, crean incentivos, nos dan retroalimentación y permiten a los empleadores saber qué esperar de quienes contratan. Como mensajero, las calificaciones no son perfectas, claro: hay genios con pésimas notas y malos trabajadores con buenas. Eso sí, volverlas opcionales no mejora el mensaje: lo empeora. Quienes sacan una nota mejor la promedian, quienes sacan una nota peor pueden inflar su promedio dejando el semestre por fuera de los cálculos. Al sistema de notas le llega la inflación y se pierde la utilidad que tenían en primer lugar.

Y así nos la pasamos. La información ahora no es acerca de guerras y hambrunas sino información de crédito y de educación. Ni antes ni ahora ha sido útil pelear con el mensajero. La única diferencia es que hoy, casi 2.000 años después, ya deberíamos saberlo.

@tinojaramillo

economiaparamiprima.com

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