Discriminación de precios, para mi prima

#ECONOMÍAPARAMIPRIMA

(Tomado de El Espectador el día 19 de marzo de 2021)

Una de mis ideas favoritas de la economía es la de discriminación de precios. Esta práctica consiste en cobrarles un precio diferente a las personas según su disposición a pagar, es decir, cuanto uno más dinero está dispuesto a pagar, más se le cobra. Mi prima es más práctica y simplemente le llama “cobrar según el marrano”.

A primera vista, muchas personas creen que esta práctica es mala, injusta e inequitativa. Se preguntan, con razón, ¿por qué, al final de cuentas, sería justo que dos personas paguen dos precios distintos por el mismo producto?

Cuando uno estudia estas prácticas con juicio se da cuenta de que estas pueden generar bienestar. Por ejemplo, el costo de operar un avión de Bogotá a Cartagena podría dividirse por partes iguales entre todos sus pasajeros, digamos en $300.000 el trayecto. Ahora, ¿qué pasa si no hay suficientes personas que quieren viajar a esa hora, pagando ese precio?

—Pues el avión no se llena —me respondió mi prima.

—En ese caso —le dije—, quedaría la aerolínea con dos opciones. O le cobra más a cada pasajero, digamos unos $400.000 para reponer la plata que no se recogió con los que faltan, o deja de operar la ruta para no perder plata.

—Pero, no, ¿cómo así? Si aumentas el precio, ¿no se bajarían otras personas que ya les parece muy caro el servicio?

—Claro, en ese caso habría que subir el precio todavía más. Es muy probable que al final del día la aerolínea se dé cuenta de que no hay forma de operar el vuelo sin perder plata cobrándole a todo el mundo lo mismo.

Efectivamente esa fue la situación durante buena parte de la historia del mercado aeronáutico: las aerolíneas tenían precios regulados por el Estado y muy pocas rutas eran viables. En las últimas décadas los gobiernos han liberado este mercado, permitiéndoles a las aerolíneas fijar sus tarifas y trayectos. El resultado: ahora tenemos vuelos directos a la playa por un par de pesos. La última vez que fui a Cartagena, solo por poner un ejemplo, me costó más el taxi en Bogotá que el vuelo.

Algunas personas de ese vuelo estaban dispuestas a pagar más porque les surgió un paseo a última hora y no pudieron reservar con anticipación. Otros pagaron mucho porque querían quedar de primeros en la fila. Para algunos otros, aquellos sin flexibilidad para viajar en horarios diferentes, su mejor opción era el tiquete más caro. Todo el mundo quiere pagar menos por sus viajes, pero ese “sancocho” que hacen las aerolíneas de precios altos y precios bajos permite que el vuelo cubra todos sus costos, que todos tengamos más rutas y que los “muecos” podamos comprar un tiquete barato de vez en cuando.

Claro está, ocasionalmente somos nosotros quienes pagamos más, pero ese es un precio barato por tener muchas rutas, horarios y gangazos para los viajes flexibles.

La discriminación de precios, además de todo eso, también ha sido un mecanismo indispensable para la compra de las vacunas del coronavirus. La discriminación les permite a los países con poca capacidad de pago obtener vacunas a precios bajos: de hecho, por eso hay “acuerdos de confidencialidad” que les prohíben a los gobiernos contar cuánto pagaron por vacuna.

—¿Por qué? —pregunta mi prima.

Como las farmacéuticas cobran “según el marrano”, estas le pueden ofrecer un precio más bajo a Colombia que a Estados Unidos. Ese sistema colapsa si los precios son públicos.

Si el sistema de discriminación de precios se cae, las farmacéuticas seguramente no les pondrían el precio más barato a las vacunas, así como tampoco una aerolínea cobraría el precio en promoción a todos si no puede recuperarlo después. Las aerolíneas y las farmacéuticas, mejor, fijarían un precio intermedio, dejando a miles de millones de personas sin vacuna o sin promociones para ir a la playa.

Si el mercado aéreo nos ha entregado prosperidad con la discriminación de precios, ni se diga el mercado de vacunas, por eso son importantes los acuerdos de confidencialidad.

Nota. Zamora, Mantilla y Blanco, investigadores de la Universidad del Rosario, hicieron un experimento con stickers Panini del Mundial de Fútbol y encontraron que los vendedores de láminas discriminan precios y les cobran más a los extranjeros que a los colombianos. Discriminación de precios a la colombiana.

@tinojaramillo

Economiaparamiprima.com

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