Un mercado laboral más libre y el salario mínimo.

Su rol para salir de la crisis, entrando en el argumento técnico. ¿Qué es lo fundamental?

I.

El salario mínimo es uno de los temas más debatidos en las discusiones económicas. Los argumentos suelen ser similares, casi repetitivos, pero la coyuntura nos convoca a discutirlo con mayor detalle.

La discusión empezó con un trino del profesor Santiago Tobón donde mencionaba que este es un buen momento para bajar el salario mínimo. Su universidad fue tendencia en Twitter por la lluvia de insultos que recibió por dar una propuesta que, en mi opinión, va en el camino correcto. Esto evidencia la pobreza argumentativa del debate público en Colombia.

Mi colega Lukas Delgado está al otro lado de la discusión argumentando que no es momento de bajar el salario mínimo. De hecho, inició la discusión de manera más larga con una fantástica entrada de blog, que recomiendo. Sin embargo, trataré de argumentar por qué creo que su idea de no tocar el salario mínimo es desacertada.

(Para los indignados, el objetivo de las políticas debe ser mejorar el bienestar de la población, nadie quiere “empobrecer a otros”, “priorizar las ganancias” o “precarizar el trabajo”. Lo que queremos nosotros, al igual que Lukas, es que haya más empleo y mayor bienestar para todos, especialmente los más pobres, aunque tal vez diferimos en el como).

Entrando en materia. La primera parte del argumento de Lukas es, en pocas palabras, algo así:

  1. En el modelo clásico el salario sí genera desempleo.
  2. El modelo clásico no es un buen modelo porque los mercados de trabajo no son competitivos.

Por lo tanto

3. Los argumentos anteriores no necesariamente se cumplen.

Hasta ahí, todo en orden.

Después sigue la segunda parte de sus argumentos:

a. Los modelos que más se ajustan a los datos son los modelos de mercados monopsonísticos, donde unas pocas firmas tienen el poder para contratar y hay competencia imperfecta en el mercado de trabajo.

b. Estos modelos muestran que en la relación empleador-empleado quién más se beneficia es el empleador.

Por lo tanto

c. La reducción de salario mínimo tendría efectos más negativos sobre el empleado.

En este argumento es donde estoy en desacuerdo.

Cabe resaltar que también estoy en desacuerdo en que un menor ingreso implica necesariamente menor demanda agregada, eso dependería de la cantidad de empleos en cada una de las dos situaciones, que no es la misma. Si bien creería que un menor salario mínimo implica mayor demanda agregada porque perderíamos menos empleos, no conozco evidencia al respecto y Lukas tampoco la cita, así que en el mejor de los casos ese argumento es flojo pues la pregunta sobre cuál efecto es mayor es empírica y no tenemos respuesta.

Igual, procedo con la parte donde sí tenemos evidencia sobre el efecto del salario mínimo sobre el empleo y otras variables de bienestar.

II.

Lukas cita dos papers, de Hungría (Harasztosi y Lindner, 2019) y de USA (Cengiz et al. , 2019); un alivio que no sean los estudios de siempre de Card y Krueger que por un momento nos pusieron a pensar. El paper de Hungría argumenta que el aumento en salario mínimo se traduce en mayores precios y aumenta ligeramente el desempleo. En el de EE.UU no encuentran un efecto en el desempleo.

Le contestaría que no me convence del todo, en la revisión de literatura de Neumark y Wascher en su libro del MIT Press, los autores, al ver los efectos del salario mínimo en el empleo, habilidades, salarios, distribución de ingresos y resultados generales del mercado laboral de largo plazo, concluyen enfáticamente que el salario mínimo no es una buena herramienta de política pública.

De nuevo, la evidencia no es concluyente para todo el mundo, ¿entonces qué podemos decir para Colombia? Creo que vale la pena dudarlo.

  1. Creo que ver los modelos de mercados monopsonísticos e interpretarlos para nuestro caso es equivocado. Si así fuera, creo que no estaríamos viendo los niveles tan altos de desempleo a raíz de la crisis pues las empresas tendrían margen si mantienen el empleo (ver gráfico 1).
  2. Tampoco creo que podamos tomar esos resultados sin tener en cuenta el valor del salario mínimo con respecto al salario medio, un ratio bien atípico en el caso de Colombia. (ver gráfico 2).
    La literatura que conozco muestra que los efectos más nocivos del salario mínimo aparecen cuando este es muy alto con respecto al salario medio. Tal vez la única excepción que conozco es el working paper de Godøy y Reich, pero, de nuevo, el país que se estudia es Estados Unidos, con unos niveles de productividad muy diferentes.
  3. En Colombia el salario mínimo no solo es muy parecido al salario medio, sino que es incluso mayor en muchas regiones (ver gráfica 3). Si el salario mínimo aumenta los ingresos de los incumbentes, como argumenta Lukas, ¿qué sentido tiene una ley que (valga la redundancia) aplica solo en el empleo formal cuando en muchos departamentos este es mínimo?
    Además, si esa premisa es válida (algo que cuestiono), ¿no estaríamos aumentando los ingresos de algunos incumbentes en las capitales mientras condenamos a la informalidad a las regiones más pobres?

Gráfica 1

Gráfico 2

Gráfico 3

Elaboración: Luis Guillermo Vélez

III.

Los argumentos de la sección II buscan cuestionar la conclusión de “La reducción de salario mínimo tendría efectos más negativos sobre el empleado” a la luz de la evidencia que tenemos. Acá trato de ir más hacia lo fundamental en el momento de la crisis, que se puede concluir incluso si el salario mínimo tiene poco efecto sobre el empleo.

  1. Lo primero que hay que decir es que cualquier discusión sobre el salario mínimo en Colombia debe partir de esta realidad. Los incumbentes que ganan un salario mínimo son el 16.7% de los colombianos mientras que quienes ganan menos del salario mínimo son el 44.8%.
    Incluso si asumimos que podíamos subirle el ingreso a ese 16.7% sin perder empleos, ¿es deseable esa política dado que el costo es subirle más la barrera al 44.8% que queda excluido del empleo formal?

2. Así como no tiene sentido que el salario mínimo de Ponce, Puerto Rico sea el mismo de Seattle, Washington, nunca ha tenido sentido que el salario mínimo de Bogotá, D.C sea el mismo al de Bojayá, Chocó.

Además del claro argumento conceptual, Arango y Florez explican muy bien los detalles en su estudio del Banco de la República.

3. Ante la caída de producción de esta crisis y la corrección que tiene que hacer la economía a raíz del virus, quedamos con dos opciones en el mercado laboral: o corregimos en cantidades o corregimos en precios. Ya argumentamos que el impacto en la demanda agregada es incierto, pero ¿qué será mejor en términos de equidad?

El problema es que las empresas intensivas en trabajo no calificado y con trabajadores de productividad baja (aquellas que emplean a las personas más vulnerables), no tienen permitido, precisamente por la ley del salario mínimo, corregir en precios, lo cual los obliga a corregir por cantidades. Sería una lástima que a raíz de esta crisis dejemos quebrar a este tipo de empresas por una mala política mientras se salvan las empresas que emplean trabajadores de alta productividad que sí pudieron corregir en salarios porque era legal.

4. Según este working paper del Becker-Friedman Institute de la Universidad de Chicago, el 42% de los empleos perdidos no volverá jamás. El estudio tiene sus limitaciones, pero podemos decir tranquilamente que el shock de reasignación será grande. Esto significa que una buena parte de trabajadores tendrá que cambiar de industria, competir por puestos ya existentes y esperar que la inversión llegue para crear nuevos puestos de trabajo: todas las anteriores tienen mayor probabilidad de éxito con un salario mínimo más flexible.

Como dice The Economist, el gobierno no debe ponerle trabas al cambio con regulaciones excesivas a los mercados laborales. Al revés, debería “engrasar sus llantas mientras ayuda a aquellos que se quedan atrás”.

Creo que por ahí es la cosa.

@tinojaramillo

Un comentario en “Un mercado laboral más libre y el salario mínimo.

  1. Muy buena entrada. Creo que cuando se explica de esta manera tan sencilla mucha más gente NO Economista se interesaría por estos temas tan importantes, y sobre todo enriquecerían la discusión.

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