Un economista leyendo a Samper Pizano.

Por: Martin Jaramillo L

Cuando era un primíparo en economía y pensaba en el futuro, juraba que me esperaban años hablando de dinero, ganancias y pérdidas. Estaba equivocado. Resulta que uno se pasa por la facultad hablando de escasez y de costo de oportunidad. Precisamente por eso es que nuestra ciencia es útil en debates que tienen que ver con la salud, la democracia y el crimen.

También por esto me resulta tan curiosa la columna de hoy de Daniel Samper Pizano , donde hace una defensa en nombre de todos “los abuelitos” ante un gobierno que para “protegerlos”, los confina a la jaula de la cuarentena. Como decía el bolero, insiste Samper, “¡Ay, Iván, ya no nos quieras tanto!”.

Primero, me parece interesante como un periodista pone en una historia convincente y en primera persona el hecho que uno mismo no valora su propia vida infinitamente: así funciona la naturaleza humana y así lo ha señalado la economía. A veces los seres humanos estamos dispuestos a aceptar una probabilidad mayor de morir si recibimos a cambio otras cosas buenas de la vida: un carro más económico, el placer de disfrutar del licor y los excesos o el riesgo de la libertad de caminar por la calle en plena pandemia.

El criterio “as judged by themselves” o “a juzgar por ellos mismos” de Cass Sunstein se utiliza en el diseño de política pública para asegurarnos de que no obligamos a otros a comprar algo que ellos mismos no querrían comprar, así tuvieran el dinero.

Por ejemplo, cuando exigimos que la regulación de los carros sea más estricta en seguridad, estamos prohibiendo por ley que la gente escoja si quiere más seguridad o un carro más económico. Sunstein argumenta, sin ser un liberal, que no es ni justo ni útil obligar a la gente a pagar por más seguridad de la que ellos quisieran comprar.

Lo mismo argumenta Pizano en esta cuarentena. Ante el negocio de “comprar” seguridad pagando con libertad, él pide al gobierno que no escoja por él.

Segundo, el viejo también entiende a la perfección el problema de las externalidades que estudiamos en economía.

Alguien podría argumentar que la libertad de elegir de la persona que arriesga su vida en una moto es legítima pero la de un viejo en la calle en tiempos de pandemia no lo es, porque, con riesgo sistémico, el viejo podría no solo arriesgar su vida sino la de otros ocupando una UCI que no podría ocupar otra persona. “Nuestros protectores más cerebrales nos enjaulan para que no acabemos ocupando una cama de la UVI que merece un joven con mejor futuro”, expone Samper.

Ante eso, Samper Pizano responde: “estoy dispuesto a firmar que también renuncio a un cupo en la UVI a cambio de que me reconozcan sin demora los derechos de los demás ciudadanos”. Es lo más parecido que he visto a una compensación por externalidades en forma de “cláusula de exoneración de responsabilidad”.

También es lo más parecido al viejo refrán: “vivan – con sus UCIs intactas – pero también déjenme vivir”.

Tercero, me encanta que Samper argumenta a favor de valorar las vidas de los viejos tanto (o más) como la de los jóvenes.

Les ahorraré la tediosa matemática de estos cálculos en su domingo, pero con los cálculos que conozco sobre la función de utilidad, el argumento es a favor de valorarlas igual. Quienes quieran ver los detalles de por qué la valoración matemática de la vida es la misma independiente de la edad, los invito a visitar este link: http://www.thebigquestions.com/2020/04/20/are-old-lives-worth-less/.

Si están en desacuerdo con algún supuesto o proceso, lo podemos discutir.

Cuarto (y último), el viejo genio este entiende a la perfección por qué los economistas no utilizamos el valor de los años de vida en nuestros cálculos sino los “quality adjusted life years” (QALY).

Uno puede opinar lo que quiera sobre su propio destino, pero cuando observamos lo que hace la gente (que es lo que argumenta Samper) vemos que la gente no quiere simplemente “años de vida” sino años de vida ajustados por calidad. Por esa razón la gente compra cigarrillos y al tiempo suscripciones de gimnasio, e incluso paga más por los gimnasios que además de saludables (que agregan años de vida) son divertidos.

Por un lado, la gente compra un producto que alarga la vida y por el otro compra un producto que la acorta, siempre buscando mayor calidad en sus días. Por esa misma razón la gente paga por carros con airbags y frenos ABS, pero termina manejando más rápido como consecuencia de ellos.

¿No creen que eso pasa? Yo tampoco lo creía, pero cuando se hizo un experimento aleatorio en los taxis de Munich, los investigadores encontraron que los taxis a los que les instalaban frenos ABS se accidentaban a la misma tasa. Es decir, la gente apreciaba el carro más seguro, pero no por la seguridad sino porque podían manejar más rápido manteniendo su riesgo constante. Como dirían los economistas: la gente prefiere consumirse el riesgo de un carro más seguro manejando más rápido.

Acá está el estudio: https://trid.trb.org/view/457353

A mí me hicieron falta varios años de economía para entender e internalizar esta noción, el viejo Samper Pizano la ha entendido siempre. “Prefiero menos vida con más vida en vez de más vida con menos vida”, dice el hombre. Si hubiese sido economista, Samper estaría hablando de QALY y el criterio “as judged by themselves”. Lo bueno es que además de saberlo todo, también optó por ser una persona de bien y no ser economista.

@tinojaramillo

martin.jaramillo@email.shc.edu

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