Brechas salariales polémicas, para mi prima

#ECONOMÍAPARAMIPRIMA

Originalmente publicado en El Espectador el 25 de enero de 2020

Si pudiera darle un consejo a mi prima de diez años por su interés en la economía, sería que la abandone completamente si no puede soportar (e incluso disfrutar) algo de polémica.

No solamente se va a encontrar con metodologías que calculan el valor de una vida humana y le intentan asignar un valor de comparación a un ecosistema, sino que va a ver los datos y en ellos la necesidad de reevaluar posiciones éticas y morales al hablar de pobreza, de desigualdad y de derechos.

Uno de los debates más polémicos en la ciencia es el de la brecha salarial entre hombres y mujeres. Sí, es cierto, una parte de esa brecha se debe a discriminación, pero falta mucho más por analizar. Por ejemplo, en un estudio de hace unos años, los economistas Daneshvary, Waddoups y Wimmer, de la Universidad de Nevada, compararon los ingresos de las mujeres heterosexuales y las mujeres homosexuales en Estados Unidos. Adivinen por un segundo quién tenía mayor salario.

Los investigadores encontraron que las mujeres homosexuales tienen (en promedio) salarios más altos. ¿Por qué será?

Primero, las mujeres lesbianas eran en promedio más educadas, estudiaban carreras mejores pagas y tenían menos hijos: todos atributos que aumentan los salarios. También tenían una mayor probabilidad de vivir en la ciudad y de ser blancas, otros atributos relacionados, según los datos, con mayores ingresos. Sin embargo, incluso después de ajustar todos estos factores, las mujeres lesbianas seguían ganando más que sus contrapartes heterosexuales. ¿Por qué?

El profesor Sala i Martín describió alguna vez este estudio en una de sus columnas. Decía que parte de la brecha salarial entre hombres y mujeres se debía a algunos factores específicos en comportamiento. Por ejemplo, hay varios estudios de mujeres que muestran que, por cultura u otra razón, tienden a rivalizar menos con sus compañeros de trabajo, a interrumpirles menos cuando hablan y a negociar menos su salario.

Sala i Martín dice que las mujeres que confiesan su orientación, a pesar del estigma que existe, son mujeres que tienen más autoconfianza y que terminan sobrepasando mejor esas barreras de comportamiento que hemos creado culturalmente. Por esa razón, argumenta, estas compiten con más determinación en el mercado laboral, como lo hacen los hombres, y obtienen un mayor sueldo en recompensa.

¿Esa es la única teoría? ¿La última palabra? No, por supuesto. Se puede argumentar por otras teorías, pero lo que difícilmente se puede argumentar son los datos: cualquier teoría debe ser consistente con ellos y con la realidad. También hay estudios que muestran que las personas que son más atractivas físicamente (medido por la opinión de un panel de voluntarios) ganan más o menos un 5% más que el resto. Los hombres feos, de hecho, ganamos un 10% menos que el promedio, mientras que las mujeres menos atractivas ganaban 5% menos que el promedio.

Alguna vez, entre cervezas, les pregunté a amigos por alguna teoría que explicara estas diferencias y solo encontré chistes malos. ¿Hay alguna respuesta? Sí, pero será para otra columna. Por ahora solo puedo prometer que será polémica.

Nota. ¿Mencioné que los altos ganan más que nosotros los bajitos? Sí, también es cierto. Tema para otro día.

martin.jaramillo@email.shc.edu

@tinojaramillo

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