Un Mundo Próspero, Para mi Prima

(Originalmente Publicado en El Espectador el 17 de agosto del 2019)

#ECONOMÍAPARAMIPRIMA

A juzgar por las noticias, pareciera que el mundo va hacia el abismo. La tecnología ha abaratado los costos de difusión; cada vez es más fácil enterarnos de problemas que existen en el mundo. En ese mismo tiempo, los costos de informarse para proponer soluciones inteligentes a esos problemas han permanecido más o menos constantes.

A lo mejor por eso tenemos tantos activistas que son buenos para denunciar problemas complejos pero inútiles para proponer soluciones coherentes. Como diría Alejandro Gaviria, pasan rápidamente de la ignorancia al revisionismo, aunque usualmente con el supuesto infantil de un Estado omnipotente que puede solucionarlo todo.

Mi prima menor y yo teorizamos sobre cómo erradicar la pobreza, la falta de educación y los problemas de productividad. Trato de enseñarle que el pesimismo infundado no es una buena herramienta para los jóvenes; es mejor entender de dónde venimos antes de dictar a donde debemos ir.

  • “Primo – me decía Isabel el otro día – las noticias son cada vez más desalentadoras. Es como si cada vez estuviéramos peor”.
  • “Isabel – Le dije – en el mundo hay cosas malas, pero no podemos perder la perspectiva; todavía falta mucho, pero el mundo ha venido mejorando”.

Le conté a mi prima que hace apenas un par de siglos el mundo entero era pobre. La mayoría de la gente carecía de las condiciones básicas de salud y educación. Con una peste o una mala cosecha, la mitad de la gente moría de hambre. Se trabajaban 12 horas al día y una enfermedad del padre era una tragedia económica, emocional y nutricional para toda la familia.

Existían reyes con mucho dinero: pero no tenían ni electricidad, ni alcantarillado, ni acceso a anticonceptivos. Tampoco podían viajar muy lejos; estos bienes eran lujos inimaginables inclusive para los más ricos. Estos “lujos” hoy están al alcance de una clase media que tiene acceso a celulares, viajes (gracias, Wingo y Vivaair) y electrodomésticos.

La competencia privada, por un lado, abarató estos bienes hasta que dejaron de ser lujos. Por el otro, les aumentó los ingresos mismos: por ejemplo, los supermercados como D1 y Ara, les ha al reducirles el costo de los bienes necesarios para subsistir, les ha aumentado los ingresos discrecionales.

Hoy en Colombia el 98% de la población cuenta con seguro de salud, la mortalidad infantil se ha reducido a una décima parte de lo que era hace 50 años y la desnutrición está en su punto más bajo en la historia. Si mi prima quiere ayudar a entender y erradicar la pobreza, debe saber que hoy es menor y más llevadera.

Así las noticias le den otra perspectiva al oyente desprevenido y a uno que otro niño, la pobreza y la desigualdad en Colombia han disminuido mucho. En 2002 más de la mitad de la población era pobre, en 2016 había caído a la cuarta parte. En ese tiempo la clase media pasó de ser menos del 18% a ser casi el 30%. La desigualdad cayó: el coeficiente Gini pasó de estar en 0.57 en 2002 a 0.53 en 2015. Podemos concluir, sin miedo a equivocarnos, que el crecimiento económico en Colombia ha beneficiado a los más pobres.

Estos logros son desconocidos por los revolucionarios de la indignación permanente, partidarios de la renuncia al pensamiento. Esta actitud la vio Hirschman cuando estuvo en Colombia en los 50s y acuñó el término “Fracasomanía” al ver la incapacidad de nosotros de reconocer cualquier logro de desarrollo.

Mi prima y yo no confiamos en la fracasomanía, estudiamos economía como sustituto.

@tinojaramillo

Martin.jaramillo@email.shc.edu

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