Nota moral de un economista

(originalmente Publicado en El Espectador el 20 de Julio de 2018)

#EconomíaParaMiPrima

Es casi inevitable para opinadores no tener contradictores fervorosos, sería un síntoma del mal trabajo no tener polémica. Quisiera más controversia técnico, pero a veces no se ataca el argumento sino la moral.

Como se insiste en eso, le conté a mi prima una historia de ética y economía. Le hablé del ministro de Salud, Alejandro Gaviria.

“Mira Isabel, él es un colega brillante, un humanista. Él, como yo, escribía columnas en EL ESPECTADOR y enseñaba economía hasta que lo nombraron ministro de Salud; un reto que ponía en acción lo que había aprendido de libros y modelos… ¡De la veracidad de esas ideas dependería la vida de miles de personas!

En su primer día de trabajo Alejandro encontró un sistema de salud rumbo a la quiebra, pues se estaba pagando por todos los medicamentos y a cualquier precio.”

 “No quiero volver al colegio a mi primer día”.

“Isabel, este fue un primer día un poco más difícil que el primer día de bachillerato que te espera después de vacaciones, lo prometo.”

“El problema al que se enfrentó Alejandro no es nuevo, es otro ejemplo de cuando las cosas son públicas y a nadie le duele el precio, así es muy difícil controlar. Alejandro cuidadosamente reguló los precios de varios medicamentos, entre ellos el Rituximab.”

– “Primo”, contestó Isabel. “¿Qué es eso?”

–  Ya lo sabrás.

– “Pensé que hablábamos de economía”, me protestó.

– El reto es mejorar la salud sin violar los principios de economía.

Seguí con otra batalla de ideas de Alejandro. Esta influía en la paz, la guerra, las drogas y la salud: las aspersiones de glifosato.

“Otro día Alejandro anunció que unos expertos, -la Agencia Internacional para el Estudio del Cáncer IRAC- dijeron que un químico usado contra las maticas de droga podía ser cancerígeno. Por supuesto no faltaron los críticos; intimidantes y amenazantes, pues ese químico servía para atacar la droga que financiaba al enemigo de guerra. El “profe” Alejandro estuvo del lado de la salud”.

Le explicaba: “Estas batallas fueron por la salud de otros. De gente distante que no podía acceder a un medicamento, de gente en regiones muy lejanas a su residencia a la que el Estado le bombardeaba con un químico mortal. Unos desconocidos, por ellos era la lucha, la honestidad intelectual y el fuerte debate.

En junio de 2017 al Ministro le diagnosticaron cáncer. Teniendo dinero de sobra para un tratamiento en el exterior, se sometió a su sistema de salud en Colombia. El medicamento Rituximab, del que te hablé, Isabel, terminó siendo el primero que le ponían al comienzo de cada ciclo de medicamentos. Él les había mejorado la vida a extraños y ahora tenía que vivir su legado.

Y hay más… el glifosato. Los estudios de Alejandro en su batalla mostraban la asociación entre la exposición al glifosato y un tipo de cáncer, el linfoma no-Hodgkin, precisamente el linfoma que él padecía”. Isabel no creía la coincidencia.

“Esta es la lección en economía y en ética, que las ideas se someten a un solo criterio ético para buscar con ellas mejorar la vida de extraños como si fuera la vida propia, o inclusive algo más importante, como la vida de los niños, la vida de mi prima”.

@tinojaramillo

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