Corazón sin Cordura

(Originalmente publicado en el periódico La Patria el Martes, Junio 19, 2018)

Quisiera decir que leemos historia para no estar condenados a repetirla, pero lamentablemente a veces toca advertir desde el balcón que están por cometerse los errores del pasado mientras somos abucheados como cátaros en plena inquisición.

Preciso recordar a la ciudad de Nueva York en 1965 con un alcalde carismático que trabajó muy fuerte creando programas de gobierno que solucionaran todo tipo de problemas. Aumentó las gestiones y los impuestos; el recaudo era sobre todo en los estratos más altos, tal como lo quería el pueblo, al menos a corto plazo. (El énfasis en el corto plazo porque su indiferencia por lo sostenible lo hacía representativo del perfil populista).

Nueva York era la cuidad con más gastos por habitante del país, el doble que Chicago; una ciudad con políticas e intenciones “muy humanas”. El alcalde decía: “No tengo intención de permitir que los problemas fiscales fijen los límites de nuestra dedicación para satisfacer las necesidades esenciales de los habitantes de esta ciudad”. Grandes palabras en retórica, pero ignorar las leyes de la economía no hace que desaparezcan.

La ciudad se desbordó en el gasto y entró en quiebra, el resultado natural de ignorar los límites de la escasez. A ojo cerrado se quiso financiar hospitales públicos, educación gratis, salarios y pensiones generosas a empleados; sin atención a la realidad del presupuesto. Subían impuestos para gastar más y más se iban las empresas, se terminaba con menos recaudo y más desempleo. Tratar como un mesías de solucionarlo todo terminó por agravar los problemas. Más indigencia y pobreza, no menos. Menos calidad en la salud, menos empleo con salarios más bajos, menos programas sociales.

Hay un eterno dilema con los candidatos que en campaña prometen arreglarlo todo, destruyendo lo que hay, sin construir sobre lo construido y con soluciones fáciles. Son dos opciones; no lograr lo prometido y probar que son unos mentirosos, o que intenten cumplirlo y acaben con las finanzas; como pasó en Nueva York. No sé cuál de las dos situaciones sea peor con Gustavo Petro. Eso sí, la historia advierte los peligros de un líder que como Wagner en Nueva York: “no tenga límites de gasto a pesar de las limitaciones fiscales”.

Le temo a los que proponen utopías, que es la vía fácil, porque en el intento se suele destruir “lo real imperfecto a cambio de lo ideal imaginario” (T. Ways). Téngalo por seguro (y guarden esta columna), no hay ningún estudio ni plan que muestre que es posible en 4 años dejar de depender del petróleo, dar educación gratuita universal, acabar la corrupción, mejorar la salud acabando las EPS y mucho menos enriquecer los campesinos a punta de expropiar tierras.

Prefiero pensar que, como dice Alejandro Gaviria: “el conocimiento práctico construye. Poco a poco pero construye. Las ideologías abstractas solo sirven para destruir. El reformismo incremental, basado en la experiencia y el conocimiento de los problemas, es más eficaz que las revoluciones basadas en concepciones ideológicas y visiones grandilocuentes.

…no se sumen a la indignación facilista. La indignación permanente es una renuncia al pensamiento y a la acción, una manera conveniente de evadir los problemas.”

@tinojaramillo

Economista

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